Apuntes sobre las remanencias, las resistencias y las fagocitaciones urbanas.

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Local comercial entre edificios de oficinas en Av. del Libertador y Juramento.

La ciudad es como un texto, es una conjunción de elementos arquitectónicos que hacen las veces de palabras, que se cohesionan para formar unidades más grandes en un entramado que toma textura. Esta conjugación de elementos tiene una forma estructural que se va llenando de sentido a través de esta sumatoria. Sin embargo, como la ciudad está atravesada por distintas temporalidades y distintos dialectos, no la podemos pensar sencillamente como un texto, sino que más bien se parece a una superposición de textos;  es un palimpsesto de historias que no se pierden, que se sobre escriben dejando huellas, armando una sedimentación de símbolos, una gran urdimbre simbólica. Son estas huellas, a veces poco legibles dentro del texto nuevo de la ciudad, de las que vamos a hablar en este artículo.

Para comenzar podemos decir que vamos a hablar específicamente de tres tipos de estos vestigios de ciudad –aunque seguramente haya otros tantos más en los que hoy no ahondaremos-: las remanencias, las resistencias y las fagocitaciones. Consideramos que es importante darle una nueva lectura a estos fragmentos no sólo porque son parte de una temática poco explorada en la currícula dominante que tiende a mirar los grandes nuevos proyectos urbanos y pasar por alto los elementos no innovadores que forman parte de la ciudad presente, sino que también creemos que existe información relevante que puede ser extraída del análisis de estos fragmentos que posibilitarían un mayor entendimiento de las lógicas de la ciudad.

Comenzaremos, entonces, por las remanencias; remanencia como aquello que queda, como el grano grueso que no pasa por el tamiz de la nueva ciudad. Un ejemplo que puede clarificar esta idea es lo que sucede en un sector de la manzana correspondiente a la Av. Figueroa Alcorta entre Salguero, Cavia y Chonino. Cuando uno va caminando por Salguero en el sentido del tránsito hacia Figueroa Alcorta comienza a percibir en la esquina de enfrente un edificio sobreviviente de la ciudad concebida como un conjunto de manzanas consolidadas: se llega a la línea municipal en ambos frentes, se reconstruye la esquina y uno podría hacer el trabajo mental de extender estas líneas e imaginarse una manzana completa, toda a línea municipal armando un frente consolidado. Sin embargo, a medida que uno sigue caminando ve que este edificio de esquina quedó sólo interpretando un papel en el escenario de una ciudad que ya no es, al menos en esa manzana. Aparecen por detrás dos altas torres exentas rodeadas de gran cantidad de terreno y una valla perimetral, relacionadas a una intervención que responde a un capital de una escala mucho más significativa que aquella con la cual se fue construyendo la Ciudad de Buenos Aires a partir de la Ley de Propiedad Horizontal –una renovación parcela a parcela atravesada por capitales locales y empresas constructoras pequeñas y medianas-. Sobre la vieja ciudad se escribe una nueva historia: no es que el edificio de la esquina esté planeando una revolución, son fragmentos que están inmersos en la misma lógica capitalista, pero que simplemente tienen una temporalidad desfasada.

Esquina de Av. Figueroa Alcorta y Salguero.

Por otro lado, llamamos resistencia[i] a los desfasajes que se distinguen de los antes mencionados porque existe, en los términos de De Certeau (2006), alguna táctica[ii] de determinados actores para oponerse -sin enfrentarse- a alguna lógica que prevalece en ese espacio compartido. Un ejemplo  de resistencia es lo que sucede en el sector donde estaba prevista la realización de la Ex AU3. En un breve repaso histórico, la Autopista 3 fue un proyecto dentro de otra serie de autopistas urbanas que se proyectaron durante la última dictadura cívico-militar que atravesaría específicamente los barrios de Saavedra, Villa Urquiza, Belgrano y  Villa Crespo. El caso específico que estamos tratando tuvo la particularidad de que el proyecto comenzó a materializarse con la expropiación y demolición de varias viviendas comprendidas en la traza, quedando gran parte a medio camino con el final de la dictadura. Quedaron, entonces, erigidas algunas viviendas que no llegaron a ser demolidas que luego fueron tomadas por inquilinos previos, en algunos casos, y nuevos, en otros. A partir del 2000, el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires diseñó un programa de renovación urbana, con intentos de “cicatrizar” esta vieja herida de la ciudad a través de un proceso de desalojos “voluntarios”[iii] y la posterior venta para desarrollos por parte de privados. Es al día de hoy que conviven en este sector de la traza estas tres ciudades: la nueva,  la demolida, la que permanece. Estas remanencias que son los restos del despojo se han vuelto, entonces, un campo de disputa por parte de los sectores populares por su lugar en la ciudad, es en este punto en el que sin duda nos encontramos con una resistencia.

Medianeras y conjunto de viviendas aún en pie sobre Donado.

No obstante es necesario distinguir estos procesos de otros que parecieran ser similares, pero en realidad responden a lógicas distintas. Cuando, por ejemplo, nos encontramos con edificios nuevos que se montan sobre las fachadas de los inmuebles que los precedían, o edificios históricos que han sido refuncionalizados o reapropiados, no hablamos ni de remanencias ni de resistencias; porque ya no son la huella del viejo texto, son el texto nuevo. Han sido fagocitados, entrando en la lógica de la nueva ciudad. Como nos explica Ferme para el caso de el conjunto Los Andes, los edificios revitalizados o rehabilitados que aparentan ser históricos, no responden a un reconocimiento por parte de sus nuevos ocupantes de aquello que había sido olvidado, sino más bien implica la construcción de un status simbólico que convierte lo viejo en histórico y en esa transmutación lo fetichiza y lo mercantiliza. En otros términos, es una domesticación de los sentidos allí depositados y su resignificación en pos de una valoración simbólica y económica. La algodonera, los silos de Dorrego, los docks de Puerto Madero son algunos de estos ejemplos de esta transformación de algo viejo en algo histórico, ya no son resistencias ni remanencias, están integrados a la ciudad: han sido resignificados.

Los Silos de Dorrego

El propósito de este texto es el de proponer esfuerzos analíticos que desenmarañen procesos que a simple vista aparecen como similares y tienden a homogeneizarse pero que en realidad implican una apuesta sobre una arquitectura, una forma de habitar la urbe y que, por ende, repercuten o vulneran el derecho a la ciudad. La reflexividad sobre nuestro rol como profesionales sobre las condiciones en el campo arquitectónico, urbano, político y social en el que estamos inmersos, es una primera condición de posibilidad para poder generar transformaciones que tiendan a una ciudad más inclusiva.


Bibliografía

  • DE CERTEAU, Michel, La invención de lo cotidiano 1: artes de hacer, México, Universidad Iberoamericana ITESO,2006.
  • FERME, Nicolás (s/f), Rotación Residencial y Gentrificación en un conjunto de viviendas de interés social, Mimeo, (en lugar editorial).
  • TOPALOV, Christian, La urbanización capitalista, México, Edicol, 1979.

Notas al pie

[i] Vale aclarar que podemos encontrar en la ciudad otro tipo de resistencias que no tienen que ver con lo remanente, sino con lo nuevo. Dentro de estas resistencias podemos mencionar ciertas tácticas de construcción que aparecen en sectores de la ciudad informal, pero que en esta ocasión no las exploraremos ya que tienen más relación con otras temáticas relacionadas con el habitar popular que merecen un capítulo aparte.

[ii] Táctica y no estrategia porque no es posible una capitalización, sino que ocurre siempre “de prestado”.

[iii] Desalojados voluntarios en algunos casos y forzados en otros, con la promesa de una relocalización in situ o de subsidios habitacionales.