Barrio parque Los Andes

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Conjunto Los Andes
Fotografías de Angela Fontana.

Inaugurado en 1928 en el barrio porteño de Chacarita, el Conjunto Parque Los Andes es uno de los grandes referentes de vivienda colectiva en Argentina. Con proyecto y dirección a cargo del arquitecto socialista Fermín Bereterbide, fue el primer conjunto de viviendas construido por la Municipalidad de Buenos Aires para albergar a obreros y empleados municipales.

Llegamos al micro-barrio que ocupa la manzana delimitada por las calles Leiva, Rodney, Concepción Arenal y Guzmán, buscando completar la información que tenemos sobre esta obra a partir de la experiencia contada directamente por quienes la habitan. Recorremos su perímetro, pero no vemos a nadie. Los accesos están cerrados con llave y todo está quieto. Un chico nos mira desde el balcón pero no, no le vamos a gritar. Por suerte una vuelta a la manzana después, nos encontramos con Sofía.

Una cosa es cuando sos chico y otra cuando sos grande. Uno le saca más el jugo de chico, porque estás todo el día afuera pero tus viejos están tranquilos.

Sofía tiene 26 años y vivió toda su vida acá. Claro que hace 20 años el barrio tenía otra dinámica: como el conjunto no tenía rejas en sus accesos, los amigos del barrio entraban y salían continuamente sin mayores problemas, y el gran patio central de esta vivienda colectiva era el lugar preferido para los juegos.

Pero recapitulemos: En 1925, la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires llamó a concurso para la construcción de tres conjuntos de viviendas colectivas económicas en los barrios de Chacarita, Palermo y Flores. El programa preveía la cantidad de viviendas a construir al igual que la existencia de locales comerciales, un salón de espectáculos, una biblioteca pública y un jardín de niños. Fermín Bereterbide, graduado de la Universidad de Buenos Aires, ganó el primer premio y la obra fue realizada en un plazo de 15 meses. Desafortunadamente, el golpe de estado de 1930 que derrocó al presidente Yrigoyen abortó la construcción de las dos restantes.

Para el año en que se inauguró, el proyecto de Bereterbide era novedoso en el país. El conjunto, conformado por 12 cuerpos independientes de 10 metros de ancho y cuatro plantas, respeta la línea municipal y las ochavas, y aísla de la calle la zona verde central destinando al uso comunitario casi un 63% de la totalidad de la manzana. Desde este gran espacio público se accede a los 17 núcleos circulatorios verticales que lleva a los habitantes a cada uno de los 157 departamentos de 3, 4 y 5 ambientes. El basamento, dedicado a usos sociales está compuesto por locales comerciales, la casa del encargado, un pequeño salón de espectáculos, un jardín de niños y un subsuelo.

Cuando preguntamos acerca de cómo es la relación entre vecinos, Sofía nos responde que tiene buenos amigos y que conoce a la mayoría, pero que ahora hay mucha gente nueva. Sucede que desde hace varios años, el conjunto se convirtió en un lugar muy codiciado por arquitectos, diseñadores y artistas, al punto que hoy hay lista de espera para comprar o alquilar alguno de sus departamentos.

Sin embargo esto no fue siempre así. Cuando se construyó, el emplazamiento cercano al Río Maldonado provocaba grandes inundaciones, mientras que la lejanía del centro, la ubicación lindera al cementerio y a una gran quema de residuos, generaban el rechazo de los destinatarios de las viviendas. Por suerte la situación se ha revertido y hoy, quienes se acercan buscando un departamento lo hacen privilegiando los espacios abiertos que brinda el lugar, la relación entre vecinos, la seguridad para sus hijos y la comodidad de los ambientes. “Los hijos, eso une mucho a los vecinos, el uso del abajo”, reflexiona Sofía. Efectivamente, ya desde afuera vemos al menos unos 15 niños corriendo de un lado al otro en el gran jardín.

Sofía nos invita a pasar y recorrer la planta baja. Descubrimos que la gran virtud del conjunto, no está en la cantidad de espacio público, sino en la calidad del mismo. El interior de la manzana es en realidad una serie de patios continuos ubicados conforme a un eje que remata con pérgolas sobre el Parque los Andes. Calles arboladas, lugares de descanso, juegos para niños y tendederos de ropa, componen ese lugar que se aísla del afuera y que conecta a todos.

La recorrida terminó en la casa de Sofía, donde tuvimos la oportunidad de hablar con Cecile, su mamá.
Detectamos instantanemente lo confortable que son los departamentos. Los pisos son de madera, los techos son altos y los ambientes amplios. “Es re cómodo, y además tienen luz de los dos lados”, nos dice Cecile. Así es, cada departamento ocupa todo el ancho de cada cuerpo, favoreciendo no sólo la buena iluminación sino también la ventilación de los mismos. Además, los bloques están orientados de acuerdo a las mejores condiciones de asoleamiento y, debido al ancho de los patios, no arrojan sombras entre sí.

Cecile nos cuenta que llegó hace más de treinta años al barrio, junto a su marido y una hija de seis meses, y que nunca ha dudado de su elección de vivir aquí. Mientras nos acomodamos en el living le comentamos la idea de la entrevista, pero Cecile nos interrumpe:

Tengo solamente cosas buenas para decir de este lugar.  Esto es como un club. Los chicos bajan y son libres. Como mamá ha sido maravilloso.

La estrecha relación que se genera entre los vecinos no sólo los hace sentir seguros, sino que también se convierte en una facilidad frente a cualquier inconveniente cotidiano.

Por ejemplo, mi hijo estudia arquitectura. Si se da cuenta el domingo a la noche que se olvidó de comprar un material, siempre hay alguno de los 150 departamentos que sabés que lo tiene.

La administración vecinal, es el elemento que pone en evidencia el amor y el arraigo que sienten los habitantes por el conjunto.
Desde su inauguración y durante más de 40 años, la Municipalidad de Buenos Aires administró el Barrio Los Andes, pero en 1969 se produjo la ruptura con el municipio. Desde ese momento, los vecinos se vieron obligados a hacerse cargo de los problemas que se presentaban todos los días y tareas básicas como sacar la basura o limpiar los espacios comunes empezaron a ser su responsabilidad. Poco a poco fueron organizándose más eficientemente y crearon el Consorcio Barrio Parque Los Andes, un organismo de autogestión que se encarga del mantenimiento del edificio y sus dependencias. “Todo lo hacemos nosotros, ad honorem”, dice Cecile. Existe un Comité Ejecutivo integrado por un presidente, un vicepresidente y un secretario, y una serie de comisiones que se ocupan de temas específicos como lo son finanzas, mantenimiento, parque, cultura o eventos.  También existe un cuerpo de delegados (17 en total, uno por cada edificio) que elevan las inquietudes de los ocupantes de cada cuerpo al consejo de administración. Todos los años se realizan las elecciones del Comité Ejecutivo y las comisiones donde los copropietarios asumen las diversas funciones.

Por último Cecile nos aclara que no todos los vecinos piensan como ella. Probablemente haya quienes quieren irse en busca de algo más moderno. “Pero yo no. He sido feliz acá y acá quiero quedarme” concluye, dejándonos en claro el mayor logro arquitectónico de Bereterbide: crear un sitio que sus habitantes han sabido sentir verdaderamente propio.

Imágenes de Angela Fontana Fotografía.
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