Conociendo a Wright (Parte II)

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F. L. Wright demostrando la arquitectura orgánica. Foto por Pedro E. Guerrero.

A continuación, presento la continuación del relato de un viaje por el Midwest norteamericano, recorriendo la obra de Frank Lloyd Wright. Si no leíste la primer parte, ¡hacé click acá!

Patos frente a Sturtevant Amtrak Station.

Racine

Desde que dejé Buenos Aires tuve la idea de visitar los cuarteles generales de Johnson Wax. Tenía que ver la forma de llegar a Racine, lo cual no imagine lo difícil que podía ser sin un auto. Y eso que no era un lugar desconocido: en cada puesto de folletos estaba el que te invitaba a Racine, ciudad a la que viaja Don Draper de Mad Men en el final de la séptima y última temporada. Busqué en Google Maps cómo ir desde Chicago hasta Racine. Me sugería tomar un tren y luego un colectivo. Un domingo a las 8.00 de la mañana tomé un tren desde Chicago a Sturtevant, la estación más cercana. Conmigo sólo se bajó otro hombre de unos veintitantos años, a quien su padre estaba esperando en el andén contrario. No había otra persona allí, sólo unos patos nos acompañaban. Caminé por el costado de una calle de una zona residencial tipo suburbio (lo más parecido a un country en Argentina) por 300 metros hasta llegar a la parada de colectivo frente a una base militar. Allí, como era de esperar, había un cartel que anunciaba los horarios del colectivo:Monday to Saturday. El domingo no pasaría ninguno. Volví caminando por la marginalidad de ese césped al costado de esa calle o, mejor dicho, ruta hacia la estación de tren, pensando qué iba a hacer. Tenía pasaje de vuelta y sabía que podía quedarme 9 horas en la estación hasta las 6 de la tarde. Había agendado teléfonos de taxis, previniendo la situación. Empecé a probar en el teléfono público erráticamente. O aparecía la voz de la operadora o daba contestador o no atendían por intentar llamar con cobro revertido. Empecé a quedarme sin monedas. Los teléfonos que aparecían en la guía telefónica de la estación eran los mismos que había anotado yo. Me puse a caminar por la inhóspita estación, ojeando folletos bastante cómicos de los Testigos de Jehová. Hasta que veo una tarjeta con un teléfono de una empresa de taxis. Pruebo llamar y me atienden. A los 15 minutos tenía un taxi en la puerta. Tardamos 20 minutos en llegar. El taxista, proveniente de algún país árabe, terminó oficiando de chofer durante todo el día.

Johnson Wax Headquarters, Racine, Wisconsin.

Johnson and Johnson decidió ofrecer tours gratuitos para dar a conocer tanto la arquitectura como la historia empresarial de un largo linaje familiar que ya lleva cinco generaciones ofreciendo productos a nivel internacional. Comenzaron haciendo pisos de madera, lo que los llevó a producir la cera. Como tenían más ganancias con la cera dejaron de dedicarse a los pisos. La producción de cera les abrió un abanico de nuevos productos de limpieza. Para tener una idea de la magnitud de la que hablo, en ese edificio se inventaron productos como el Raid, Glade y Off. A Johnson le gustó tanto el edificio que hizo el intento de mudarse a su oficina. Efectivamente, el edificio de Johnson Wax tiene una belleza tal que nadie dudaría en quedarse a vivir. El manejo de la luz, los materiales y las alturas crean un espacio de ensueño, cálido y ameno.

Wingspread, Racine, Wisconsin.

En consecuencia, Wright ofrece construirle su propia casa, dando como resultado Wingspread a 9 millas, una grandiosa casa (a mi gusto mejor que la Robie), que pude visitar después de Johnson Wax. En Johnson Wax, el recorrido era un tanto estricto. A pesar de lo inhóspito que parecía Racine allí había más de cincuenta turistas, incluyendo un gran grupo de estudiantes españoles, esperando recorrer el edificio. Mientras que en el tour de Johnson Wax no permitían sacar fotos, en Wingspread la libertad era tal que uno podía hacer su propio recorrido. La falta de teléfono con red móvil así como el aspecto de antaño de Racine hacían parecer que había retrocedido más de dos décadas. Pidiendo un teléfono prestado pude llamar nuevamente al taxista, quien me llevó hasta Wingspread manejando de paso por el downtown de la ciudad. Allí, la guía nos comentó que una vez Johnson estaba cenando con importantes invitados una noche de lluvia. La historia cuenta que sobre la cabeza de Johnson comenzó a gotear agua desde el techo, por lo que éste decide llamar por teléfono a Wright para comentarle la situación, a lo que él le replica que por qué no mueve su silla de lugar y continúa con la cena. Olvidando este tipo de falencias constructivas producto de la innovación, si Johnson Wax es tan perfecto que uno viviría a pesar de ser un edificio de oficinas, Wingspread es la reinterpretación de esa esencia pero lograda en una casa.

Interior The Chanley-Persky House.

Chicago II

Inconscientemente, los últimos días visité lo que fue una de las primeras obras de Wright y quizás la primera casa moderna en Chicago: The Chanley-Persky House, construida entre 1891 y 1892 — una de las casas más antiguas de la ciudad junto con Glessner and Clarke Houses — por Louis Sullivan con la ayuda de Frank que era un dibujante dentro de su oficina por esas épocas. Dado que ofrecen visitas gratuitas durante las tardes de los miércoles, la visité el último miércoles de mi estadía. La casa roja junto a ella se construyó poco antes y las diferencias son increíbles. Ubicada en el barrio histórico y adinerado de Gold Coast, el trabajo de la madera en los detalles, la disposición de la escalera y la situación de esquina en esta casa son aspectos que hacen que valga la pena visitar la arquitectura en un mundo donde el Street View, Pinterest, Tumblr y los blogs nos ofrecen miles de imágenes por click.

 

Ahora bien, medio siglo después, ¿qué es relevante de Wright? ¿Qué puede enseñarle un hombre de la era industrial a la era de la información? Wright abrazó el cambio, empujando siempre las fronteras conceptuales de su campo. A pesar de que hizo todo lo posible para que sus edificios se ajusten a su visión, él no tuvo temor de probar con materiales al borde del fracaso. Al igual que Wright, nos encontramos en un momento de desarrollo tecnológico que tendrá efectos significativos en la forma arquitectónica. Tenemos la misma sensación de que el mundo nunca volverá a ser el mismo. Al igual que con la era de la máquina , el impacto de la era digital continuará siendo evidenciado en los procesos, materiales y apariencia de la arquitectura. ¿Vamos a utilizar estas tecnologías como un simple nuevo conjunto de herramientas para lograr mejorar formas familiares, o son la base para una nueva estética? “En cuanto al futuro” — Wright profetizó , “la obra crecerá más verdaderamente sencilla; más expresiva con menos líneas, menos formas; más articulada con menos mano de obra; más plástica; más fluida, aunque más coherente; más orgánica.” A medida que avancemos en este nuevo milenio, y lidiemos con la responsabilidad de la arquitectura para abrazar las nuevas herramientas y encarnar los valores de nuestro tiempo y lugar, debemos reconocer que en todo esto, Wright ha andado delante de nosotros.