Habitares sostenibles I : Arcosanti

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Fotografía de Vibhas Kendzia.
Fotografía de Vibhas Kendzia.

La arquitectura sustentable ha ganado en los últimos años un lugar muy importante en el debate arquitectónico. Sin embargo, para muchos profesionales hablar de sustentabilidad es inútil si no cambiamos drásticamente los hábitos ni la forma en que nos relacionamos con el entorno en que vivimos.

En “Habitares Sostenibles”, seleccionamos tres proyectos de arquitectos que se alejaron de la arquitectura convencional para proponer nuevas formas construir y habitar.

“Bienvenidos a Arcosanti. Laboratorio urbano” señala un gran cartel al costado de Scenic Road, un desolado camino ubicado 65 millas al norte de la ciudad de Phoenix, en pleno desierto de Arizona. Arcosanti es eso: un laboratorio. Un gran experimento que salió de la cabeza del arquitecto italiano Paolo Soleri y se ha ido construyendo a lo largo de los últimos 40 años.

Paolo Soleri se graduó en la Universidad Politécnica de Torino en 1946, pero diez años más tarde emigró a Estados Unidos con un gran proyecto entre manos: construir un prototipo de ciudad ideal. Junto a su esposa Colly y sus dos hijas fundó Cosanti, un centro de estudios sobre arquitectura, urbanismo y ecología, y también una fundidora de metales para la producción de campanas de bronce, negocio que le permitiría solventar gran parte de los gastos provenientes de la materialización de su trabajo teórico.

La ciudad ideal de Soleri, era una ciudad compacta. Acérrimo enemigo del automóvil como principio de la vida urbana, criticaba la expansión desmedida de las ciudades hacia los suburbios y la sobrecarga del medio ambiente que ello conlleva. Esto lo llevó a diseñar una serie de centros urbanos que llamó arcologías (nombre proveniente de la fusión de los términos arquitectura y ecología), que se extenderían verticalmente en lugar de horizontalmente sobre el terreno. Así nace Arcosanti, la primer y única arcología que se construiría. Comenzó a levantarse en 1970 -años antes de que empezara a hablarse abiertamente sobre la preservación del medio ambiente y el ahorro energético- y fue diseñada para albergar 5000 habitantes.

En palabras de Soleri es una ciudad concebida “a escala del ser humano”, ya que la proximidad entre las diversas partes permite a los residentes llegar caminando a cualquier sector. La pluralidad de usos dentro de una misma estructura es otro de los conceptos claves de una ciudad como esta. Al presentar áreas donde se desarrollan actividades compartidas (vivienda, recreación, trabajo, etc.) no sólo se promueven los encuentros comunitarios, sino que además se minimiza el uso de energía, materias primas y suelo y se reduce la contaminación ambiental y los residuos.

“Las especies más complejas, como las abejas o las termitas, eligieron vivir hace tiempo en dimensiones compactas. ¿Por qué hemos sido tan estúpidos los humanos?”

Paolo Soleri

Ya han pasado más de cuarenta años desde que comenzó el proyecto y en Arcosanti se alzan 13 edificaciones. Entre ellas, una estructura de cuatro niveles con usos múltiples que incluye centro de visitantes, cafetería, panadería y galería; además se han construido, casas de huéspedes, un anfiteatro, un centro de música y aéreas de trabajo para la producción de campanas. Si bien no es completamente autosuficiente, concentra todas las funciones de una ciudad moderna. Para ello, posee un sistema de paneles solares que crean un porcentaje de la energía total necesaria. Asimismo, se recoge el agua de lluvia para la agricultura, se reciclan y procesan los desechos alimenticios y se cultivan parte de los vegetales y frutas que se consumen y venden.

Aunque la construcción de una ciudad como ésta, demande probablemente más energía que la de una ciudad extendida en el territorio para la misma cantidad de personas, una vez funcionando sería extraordinariamente eficiente en cuanto al aprovechamiento energético.

Entre las tipologías constructivas que eligió Soleri para llevar a cabo su proyecto, se destacan las enormes bóvedas y arcos que se recortan en el cielo del desierto. Su explicación con respecto a este punto es convincente: El hecho de levantar estas gigantescas estructuras abovedadas reivindica el espacio público como sitio congregacional, como sitio de reunión de la comunidad en un mundo donde el espacio público se ha vaciado de sentido. Las bóvedas son símbolos monumentales de la vida urbana, que perdurarán a lo largo de los siglos como signos de la presencia del hombre.

Pablo Soleri falleció en abril de este año y, si bien en Arcosanti hoy habitan poco más de 100 personas (menos del 5% de lo proyectado por él), la ciudad sigue construyéndose gracias a la colaboración de miles de voluntarios y estudiantes que todos los años visitan el lugar.

Imágenes cortesía de Vibhas Kendzia
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y de Adriana Ramos
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