Recuerdos encontrados

Lo podes leer en 5 minutos.

Negativos Encontrados

Es probable que alguna vez nos hayamos encontrado con la situación de ver dentro de la basura de la calle, algo similar a una fotografía. Seguramente seguimos de largo, sin darle demasiada importancia. Pero algo queda flotando en nuestra cabeza. ¿Qué clase de imagen era? ¿Por qué la tiraron?

Por otro lado, siempre hay quienes reconsideran este hecho fortuito, dan media vuelta y vuelven a inspeccionar el botín. Como dice el dicho, “la basura de unos es el tesoro de otros”.

Esto es lo que sucede con “Negativos Encontrados”, un grupo de personas aficionadas a la fotografía, que deciden intercambiar -vía Facebook- imágenes halladas de casualidad.

Cualquier material fotográfico es bienvenido, desde negativos, rollos de películas, fotos carnet, etc.;  desde aquellos descubiertos en un container hasta los comprados en ferias.

De esta forma, aquellos que no corremos con la suerte de toparnos con un descubrimiento de este tipo, podemos acceder al material hallado mediante este grupo. Basta con que algún integrante suba un nuevo “tesoro”, para que el resto se compenetre en pensar las múltiples situaciones que pueden rodear la imagen. Lo importante es tratar de entender el momento de la captura.

El grupo funciona desde hace un año. María Jimena Almarza, su creadora, nos comenta: “La idea se me ocurrió porque varios conocidos habían revelado negativos que encontraron olvidados en cámaras que compraron, sólo por placer de saber qué iban a ver. Ahí nació la idea. A esos negativos se fueron sumando fotos en papel, diapositivas, etc. Suelo juntar muchas cosas de la calle, a mis viejos nunca les gustó, pero con este grupo demostré que no estoy sola en esta locura”.

Luego, se sumó Gabriela Parborell, y con ella las reglas del grupo, que sirven para que los miembros no desvirtúen el tema y se conserve la idea original:

– Las imágenes tienen que ser de personas desconocidas.

– Debe contarse brevemente dónde fueron halladas.

– No está permitido subir fotos propias.

Pero, ¿qué es lo que llama tanto la atención de una fotografía abandonada?

En una primera impresión, la idea de imaginarnos qué sucede en la escena, inventar una historia y sus personajes. Adentrarnos en la vida de un total extraño, conjeturar quién es y que será de su vida ahora. El que se aventura a recoger piezas de la vida de un desconocido, se siente parte de ella. Visita lugares con las fotos de viajes, se alegra con la foto de los primeros pasitos del bebé, se ríe porque sacó las orejas del padre, que parece ser el de la izquierda…

La mayoría de las fotos retratan personas, parejas, festividades. Y es que culturalmente, la fotografía viene de la mano de la alegría. Cualquier persona que no se dedica al retrato profesional, decide tomar una foto en un momento memorable.

En  los tiempos en que no existía la fotografía digital, el retratar una imagen, implicaba una serie de decisiones, para no “gastar el rollo”. El proceso tomaba tiempo, no sólo era el conseguir la toma adecuada, sino decidir ir a revelarla (esto podía llevar meses) y sorprenderse con el resultado.

En la actualidad, esto es mucho más simple, borramos las fotos que no queremos, sacamos de más por las dudas. Antes, el momento de sacar la cámara tenía que ser importante.

Entonces, después de tanta ceremonia, ¿qué motiva el despojo?

Gabriela nos cuenta:

“Yo me encontré muchas veces fotos en la calle, a veces las levantaba, las miraba y las volvía a dejar por temor al origen ¡Andá a saber de dónde venían! Pero hace un año tuve dos “encuentros” de fotos en los que me animé. Las agarré, las traje a mi casa y las subí al grupo. Creo que tirar una foto es literalmente tirar recuerdos a la basura. Pienso que hay mezcla de dolor, venganza, bronca cuando uno se desprende de algo tan único, personal e irrepetible como una foto”.

Los motivos que llevan a abandonar algo así son de lo más diversos. Uno de los principales puede ser la disconformidad que  produce el resultado de la fotografía. Hay muchas donde los protagonistas no salen favorecidos, o incluso algunas tomadas en medio de situaciones embarazosas que mejor no recordar. Muchos de ustedes seguro se lo estarán preguntando: Sí, mucho material es pornográfico.

Sin embargo, algunos tienen historias más tristes, como el caso de aquellas fotografías halladas luego de las inundaciones, donde el agua arruinó el papel, y no quedó otra cosa que hacer que tirarlas.

A pesar de todo, es la calle el factor que nos une a todos. Como receptora de lo que no queremos y rechazamos, y  como protectora de estos bienes, a la espera de algún interesado. La ciudad nos acerca un poquito más a conocer la vida de los demás, ver que son iguales que nosotros, que disfrutan cosas similares, descubrir sus intimidades sin siquiera conocernos en persona. Así, dejamos de ser espectadores y nos convertimos en partícipes, desde el momento en que no sólo observamos el momento del otro, sino que decidimos guardarnos su recuerdo.

Imágenes cortesía de Gabriela Parborell y Gabriela Benjamín.
Descubrí más en Facebook!

Reseña:

“Amèlie (Le fabuleux destin d’Amélie Poulain)”

Año:2001

Director: Jean-Pierre Jeunet

La película retrata la vida de una joven parisina que a sus 22 años de edad decide dedicar su vida a solucionar los problemas de los demás.

En su afán por cumplir con su objetivo, se empiezan a tejer las historias de los personajes que la rodean. Uno de ellos, el joven del cual la protagonista se enamora, es Nino: un muchacho que se dedica a coleccionar las fotografías instantáneas  desechadas  por  los usuarios de las cabinas fotográficas.

Es aquí, donde el personaje de Audrey Tatou, encuentra la forma de llegar al corazón de tan misterioso joven.

La fotografía tiene un papel primordial dentro de la película. No sólo se relata la historia de un coleccionista, sino también aparece la idea de hallar a los protagonistas de las imágenes encontradas.

Amèlie

 

Fotograma de la película Amèlie (Le fabuleux destin d’Amélie Poulain)